Entrevista a Geysi Escalante: «La Danza de mi cuerpo»

Entrevista a Geysi Escalante: «La Danza de mi cuerpo»

Geysi Escalante, tiene 23 años y es originaria de Agua Dulce, Veracruz. Actualmente estudia Licenciatura en danza en la ciudad de Puebla.

Geysi, cuéntanos ¿cómo es la relación que tienes con tu cuerpo?

En este punto de mi vida puedo decir que me siento cómoda con él, claro que llegan a haber días en los que no estoy totalmente satisfecha, pero a través del movimiento he podido establecer una verdadera conexión y verme desde otra perspectiva que deja de lado los estereotipos corporales que ya conocemos. 

Mi cuerpo significa movimiento y por lo tanto, evolución. Es ahí en dónde hallo mi verdadero yo, mi verdadera belleza. Es un lienzo con el que puedo transmitir lo que sea que yo quiera y como yo quiera.

¿Cuál es la importancia de los movimientos del cuerpo para sanar, reordenar pensamientos y conectar mejor con nosotras mismas?

El movimiento es una función natural del cuerpo, hay que recordar que nos movemos desde que estamos en el vientre de nuestra madre, que cuando somos pequeñas corremos, saltamos, y disfrutamos de las posibilidades que nos brinda el cuerpo para conocer el mundo, sin embargo al crecer olvidamos que somos seres humanos capaces de moverse libremente, por eso el cuerpo se va mecanizando y trabaja en función del día a día. Es como si lo estuviéramos utilizando y no habitando -lo cuál es normal por el estilo de vida que llevamos-.

Cuando empezamos a reconectar con el cuerpo, reconectamos también con nuestra niña interior, el movimiento es un mecanismo natural que nos transporta y nos conecta con nuestros pensamientos, llevándonos a recorrer nuestra historia, evocando recuerdos, sensaciones, lugares, personas. Nos reconocemos como un ser que ocupa un lugar en el mundo y así el movimiento se vuelve auténtico porque expresa lo que eres, lo que has vivido. Hablas con tu cuerpo.

Cuéntanos del proyecto, ¿cómo nace? ¿qué te inspira? ¿qué buscas comunicar con la pieza audiovisual?

Volver es un proyecto generado durante mis Prácticas Profesionales en la universidad; inspirado en el poema Volver a la superficie.

La inspiración puede venir de muchas partes, como bailarina y creadora me parece importante tomar la perspectiva femenina como punto de partida en la danza por ello el tema seleccionado está estrechamente ligado a la experiencia de ser mujer respecto a las expectativas que la sociedad nos ha impuesto: cómo vestirnos, cómo comportarnos, cómo pensar. Expectativas que claramente interfieren en nuestra personalidad y que justamente se busca romper con ellas; hacer, pensar y vivir de acuerdo a lo que nosotras queremos, lo cual conlleva repensar quiénes somos, una pregunta que parece sencilla pero que muchas veces no sabemos responder.

Lo que busco es que las mujeres que de alguna manera pudieran identificarse sepan que sentirse perdida no está mal, que puede ser un proceso difícil e incluso doloroso pero que cuando te hallas a ti misma todo cambia, cambia la forma en la que te percibes, en cómo ves la vida y en cómo percibes a las mujeres que te rodean.

No están -estamos- solas.

¿Por qué ese poema?

La verdad es que yo no conocía el poema, un día estaba en instagram y me apareció un vídeo, entré a verlo y en cuánto escuché la primera frase me identifiqué. Ahí decidí que era un tema que quería abordar desde la danza.

Relacioné el perderse y reencontrarse con el término “deconstrucción” como un proceso de evaluación personal. Que muchas veces se dice fácil pero es necesaria una verdadera introspección; implica reconocer desde dónde venimos, por qué actuamos como actuamos, analizar y eliminar conductas o pensamientos con los que ya no estamos de acuerdo, por ello es que creo que a veces podemos llegar a perdernos. Son tantas las conductas que tenemos arraigadas, que desprendernos o deshacernos de ellas es complicado, sin embargo poco a poco vamos encontrando a nuestra verdadera yo.

¿Cómo ha sido tu camino en el desarrollo y fortalecimiento de la autoestima?

Creo que como la mayoría de nosotras, aprender a amarnos es un camino con altas y bajas. Desde chiquitas nos enseñan a juzgarnos y es difícil poder deshacerse de eso; es lamentablemente inevitable desarrollar inseguridades a lo largo de nuestra vida, puedo decir que la forma en la que me percibía cambió al irme acercando al feminismo, empecé a cuestionar -y cuestionarme-, entendí que yo no soy el problema y tampoco mi cuerpo, que no soy la única que ha sentido esta presión por los estereotipos, y el ver estas redes de apoyo en donde mujeres se sienten cada vez más cómodas y felices en su piel me inspira y me fortalece también, además de que la relación que establecí con la danza y el movimiento en sí ha sido una pieza clave en mi proceso.

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