Gracias #8M

Gracias #8M

Por Marina Arzate

«En medio de la multitud, de ese enorme río morado, te das cuenta que no estás sola, que somos miles las que peleamos por lo mismo».

Llegamos (mi madre, primas y yo) media hora antes de que comenzara la marcha, así que buscamos un lugar dentro de la enorme fila que ya esperaba el momento de salida. De un instante a otro la calle fue tomada por miles de mujeres. ¡Enorme! Como la necesidad de terminar con el machismo, la discriminación y la violencia.

De pronto comenzó a escucharse “¡Lo vamos a tirar!, ¡lo vamos a tirar!” y todas juntas comenzamos a caminar. El acto más simple, pero sin duda uno de los más simbólicos, es como si cada paso fuera una confirmación de que nos vamos a apoyar sin importar qué tan complicado sea el camino.

En medio de la multitud, de ese enorme río morado, te das cuenta que no estás sola, que somos miles las que peleamos por lo mismo, aunque motivadas por distintas historias que se pueden leer en las pancartas: “Justicia para Litzy”, “Lo que no tuve para mi, que sea para ellas”, “Somos el grito de las que ya no tiene voz”, “Hermana, yo sí te creo”, “No somos histéricas, somos históricas”.

Estar ahí es un revoltijo de emociones: felicidad, tristeza, enojo, desesperación, esperanza. No importa si eres feminista o no, ver a miles de familiares y amigos pedir justicia por sus víctimas te hace mirar el problema bajo el sentir de esas personas. Simplemente conectas con todas, aunque nunca las hayas visto.

De alguna manera te contagias de valor y también terminas liberándote de esas historias que sólo dejan ver que las estadísticas no le hacen justicia a este problema que es más común de lo que creemos o queremos creer, o por lo menos es lo que nos pasó a nosotras.

Sin darnos cuenta nosotras comenzamos a platicar sobre nuestras experiencias, fue triste descubrir que todas habíamos sido violentadas de alguna manera por un hombre y que algunos de esos sucesos eran guardados como grandes secretos en la familia.

¿Qué nos pasó? ¿Por qué nos sentimos más seguras de hablar rodeadas de mujeres desconocidas que en casa “con los nuestros”?

Ese 8 de marzo nos cambió en muchos sentidos. Estamos agradecidas con todas esas mujeres que creen y crean una sociedad pareja para todos. Sin duda, tenemos confianza de que en marchas futuras nosotras también inspiraremos a otras mujeres y modificaremos esa estadística fantasma de la que no hay registro, de la que no se habla, de la que se simula que no pasó, pero que existe y pesa.

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